
El poema Hamlet, del poeta ruso, Vladimir Visotsky, termina así: detenidos en una respuesta capciosa, no encontramos la pregunta necesaria.
Hay preguntas que vuelven a nosotros a lo largo de la vida en diversas formas, a veces insistentes, otras, intempestivas. Pero muchas veces vienen en forma de respuestas. Retornan en las fantasías, en nuestros sueños, en nuestros amores y elecciones. También, y con otro disfraz, pueden convertirse en un síntoma (“me pasa esto”) o esconderse en un rasgo (“soy así”), martillar en un mandato (“debo hacerlo»), en un sentimiento de culpa o de una deuda, o presentarse directamente en nuestro cuerpo. Y cuando no encuentran ninguna de esas formas, vienen sin disfraz como angustia.¿Cómo despejar y desarmar esas respuestas para poder hacer la pregunta necesaria?

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